Por favor, que nadie vea nada
irrespetuoso contra Hawking en el título de esta entrada, vaya por delante mi
respeto hacia su persona y hacia su trabajo científico, pero es que no deja de
llamar la atención el ateismo militante de algunos científicos – Richard
Dawkins también estaría entre ellos -, a los que la palabra Dios es que no se
les cae de la boca, y porfían con ocasión o sin ella, aprovechando cualquier
oportunidad para hacer profesión
de su fe, tanto en la ciencia como en su rechazo de la existencia de Dios. ¡Ay,
si los cristianos hiciéramos lo mismo! En realidad están obsesionados con Dios,
y hablan más de Él que la mayoría de las personas que, inmersas en un ateismo
práctico, simplemente viven y se comportan al margen de Dios, como si no
existiera, y más que buena parte de los cristianos, la mayoría diría yo, para
quienes la palabra apostolado parece constreñirse a los Apóstoles y, si a caso,
a los curas.
El tema es que durante varios
días se ha celebrado en Tenerife el Festival Starmus,
un encuentro de divulgación científica al que han acudido científicos de
primer nivel para acercar la investigación a la sociedad, explicando de forma
accesible conceptos científicos de vanguardia en el campo de la Astronomía, y
en el que una de las estrellas invitadas fue Stephen Hawking que, como
cualquier estrella que se precie, no tenía por qué sujetarse el guión previsto
para el debate y, por supuesto, y aunque no venía a cuento, no se privó de
hablar de algunos de sus temas recurrentes, como la inexistencia de Dios, y de
su anti-religiosidad, por diferentes razones que lanzó como una andanada.
El
aperitivo empezó antes de que comenzara el festival, en una entrevista que
publicaba El Mundo el pasado 21 de septiembre, en la que afirmaba que la
religión cree en los milagros, pero “el milagro no es compatible con la
ciencia”; a ver, podrá creer o no en los
milagros, que no cree, pero afirmar que no lo hay porque son incompatibles con
la ciencia no solo es una afirmación de principio (no hay nada fuera de la
ciencia, y de esa premisa extraigo conclusiones) sino que es una evidencia que
no aporta nada, ¡claro que es incompatible!, precisamente por eso es un
milagro, porque no se ha producido el resultado que inevitablemente debía
producirse conforme a las leyes de la naturaleza, que son inexorables, salvo
que haya una intervención externa a ellas mismas, claro, que impida que se
produzca ese resultado previsto, y ahí es cuando se produce el milagro.
Ya en el festival, en uno de los
debates, fue cuando realizó una serie de manifestaciones que trascienden de lo
científico para adentrarse en otros campos del saber – porque también lo son,
por mucho que les pese a los cientifistas - , como es el teológico y el
filosófico; porque eso es lo que hace Hawking cuando afirma que “Tanto la
religión como la ciencia parecen explicar el origen del Universo, pero
considero que la ciencia resulta más convincente, ya que responde continuamente
a preguntas que la religión no puede contestar.” …vale, pero tal vez sea porque no es misión de la religión averiguar
cual es la función de la “radiación de fondo de microondas”, que es algo que compete evidentemente a la ciencia,
sino la relación del hombre con el Dios creador de todo, incluso de esa
radiación de fondo, sea eso lo que sea; y eso es lo que hace Hawking cuando
afirma que “nadie puede probar que hubo un Creador”, refiriéndose obviamente a una prueba científica,
cuando eso es algo más que evidente, como es evidente que tampoco se puede
probar lo contrario, puesto que la ciencia solo puede referirse a aquello que
compete a su materia, la naturaleza, no a lo que está fuera de ella.
A este respecto, en el libro
“Dios y el mundo”, Joseph Ratzinger recordaba las palabras de el Libro de la
Sabiduría, “Dios se deja hallar por los que no le tientan”, es decir, por aquellos que no desean someterle a
un experimento; es decir, Dios no es una magnitud determinable según categoría
físico espaciales, y “si pretendemos poner a Dios a prueba y hacemos
determinadas cosas pensando que Él tendría que reaccionar, cuando lo
convertimos, valga la expresión, en nuestro objeto de experimentación, habremos
tomado un rumbo en el que, a buen seguro, no lograremos encontrarle. Porque
Dios no se somete a experimento. No es algo que podamos manipular.”
“La religión – siguió Hawking, desatado, en otros campos del
saber como sociología, psicología, moral o politología – nos ha
acompañado a lo largo de toda la Historia y nos ha dejado cosas como la
Inquisición, la desigualdad de la mujer, o el problema eterno de Palestina…La
religión debería hacer que la gente se comporte cada vez mejor, pero no parece
que esté cumpliendo ese objetivo. Mucha gente no religiosa, sin embargo, sí que
se comporta mejor, y sin necesidad de creer en ningún Dios.”
Se trata en realidad de una
mezcolanza de ideas y conceptos que tiene poco de científica, que no tienen
respuesta desde la Ciencia, al menos desde la astrofísica, eso seguro, y que
responden a unas ideas y opiniones personales de Hawking que no deberían pasar
por ciertas por razón de su fama y relevancia como investigador. No voy a
referirme a cada una de esas afirmaciones, porque sería largo y tedioso, baste
recordar el réquiem satánico que fue el siglo XX, un infierno de asesinatos y
homicidios en masa, de masacres y crímenes violentos, un compendio de
atrocidades en el que se ha matado a más hombres que nunca, desde concepciones
ideológicas ateas como fueron el nazismo y el comunismo, que tiene sus
prolegómenos en el genocidio de La Vendée, en el XIX, durante la Revolución
Francesa, al que ya me referí en La´mi
du peuple, para desmontar esa especie de apología simplista de “el buen
ateo”; y baste reconocer lo evidente – y solo voy a hablar por los cristianos
-, y es que no todos los que se dicen cristianos lo son, e incluso los que lo
somos no siempre actuamos como tal, porque somos pecadores, y por eso entonamos
en cada celebración eucarística, y personalmente en cada examen de conciencia,
el mea culpa, como hay ningún problema
en reconocer que hay personas que alejadas de la fe cristiana no solo son
buenas sino que son admirables, y a lo mejor están más cerca de Dios que muchos
cristianos de precepto dominical, pero es que eso no sería por razón de su
ateismo, sino a pesar de él.
Tal vez Hawking debería recordar
sus propias palabras en Oviedo, en la entrega del premio Príncipe de Asturias,
cuando afirmó que “la ciencia siempre es lo penúltimo y está sometida a
revisiones y nuevas hipótesis. El por qué existe algo y no la nada, el milagro
de la vida y la maravilla de la mente humana piden explicaciones de “totalidad”
que la ciencia no aporta.”
Ese es el camino razonable para
un necesario y fructífero diálogo entre fe y ciencia, entre fe y razón,
eliminando ese falso
antagonismo que desde determinadas concepciones se pretende imponer como
una verdad científica.